De la economía del “me gusta” a la economía del avatar

 Las recientes declaraciones en The Verge del fundador de Facebook, Mark Zuckerberg, en las que confiesa su ambición de convertir su terrenal megaempresa de los social media en una “empresa metaverso” (metaverse company) son seguramente las más importantes desde que anunció el lanzamiento de la moneda digital estable (stablecoin) Libra, hace ahora poco más de dos años, rebautizada como Diem a finales del año pasado.

El metaverso. Un mundo colectivo ficticio, compartido. Como toda utopía (no lugar), metáfora o espejo del mundo real. Un mundo virtual en el que el mundo real se reencarna en avatares, con nuevas potencialidades. Donde, como en la propia película Avatar, quienes van en silla de ruedas pueden convertirse en azules guerreros enamoradizos. Lo más interesante es que en el metaverso no se pierden los vínculos con el mundo real. De hecho, puede considerarse el nexo entre lo real y lo virtual, donde se cruzan lo real y lo virtual y, sobre todo, donde se cruzan las economías de lo real y de lo virtual.

Zuckerberg ha calificado el proyecto de metaverso como el próximo capítulo de su compañía. Apunta rasgos del avatar de Facebook y, transformándose en avatar, nos habla de sus deseos, de su imaginario sin límites para la entidad que fundó. No sabemos si será azul intenso, como su color corporativo, o azul claro, como el de Twitter. Tal vez se esté pensando en más colores.

El metaverso es el gran continente a conquistar en este momento civilizatorio. Es como las Indias o el Oeste de nuestro tiempo. Siguiendo las propias palabras de Zuckerberg, es el nuevo paso civilizatorio en internet. Del internet en los que las audiencias ven contenidos, al internet en el que se actúa. En el que tal vez seamos el contenido que alguien ve o que alguien paga por ver, servido por gentileza del metaverso Facebook (MetaFB), como ahora nos vende como audiencia.

Puede pensarse que, para la empresa de Merlo Park no es algo nuevo, pues se puede decir que no hace, ni vende contenidos, sino que lo que vende son partes de su ingente capital de usuarios. Pero, con su metaverso, se pone más en evidencia: no se trata tanto de vender productos a la gente, como de vender gente, que introduce sus comportamientos virtuales en internet, como producto, a fabricantes que producen bienes y servicios.

Como contesta a una de las preguntas de Casey Newton: hay una tremenda oportunidad económica en convertir a su empresa en un ecosistema, para el que toma prestado el término de metaverso. En buena parte, se trata de reproducir ampliamente la lógica que ya ha implantado en Facebook: es la gente la que trabaja, generando contenidos. De hecho, para Facebook, los contenidos son ruido. La gestión de los mismos, es lo que le genera problemas con distintos movimientos sociales o instituciones, que le acusan de desinformación o canal de fake news.

Según nos cuenta The New York Times parece que son numerosas las compañías dispuestas a dar el paso hacia la metaversalización del mundo. Lo hacen con espíritu de aventura, atraídos por el reto que supone adentrarse en un ámbito en el que está todo por hacer.

Entre las cosas por hacer, los fundamentos más básicos, como son las estructuras espaciotemporales. Incluso hasta las dinámicas del conocer: el cómo se puede conocer el metaverso y cómo se puede conocer en el metaverso. Fundamentos señalados para apuntalar la profundidad del proceso. Es entrar en un mundo vacío. Esto tiene sus desventajas, especialmente para los que prefieren el papel pautado, y sus grandes ventajas, como es que, como en todo espacio a conquistar: quien llega antes tiende a asumir todo como suyo, de su propiedad. Como si tuviera un derecho previo a apropiarse de todo y, así, establecer todos los derechos.

Si antes decíamos que los contenidos son el actual ruido en el uso de Facebook, pueden quedar multiplicados en el caso de las relaciones entre avatares. ¿Se convertirá Facebook en la policía virtual? Pero las preguntas se suceden: ¿podrá utilizarse el mismo avatar en distintos metaversos? ¿Quién operará, a su vez, en un metaverso que reposa sobre unos fundamentos diseñados por Facebook? Zuckeberg utiliza el término descentralización, que hay que reconocer que suena un poco raro en sus labios: operará de una forma descentralizada con muy diferentes actores. Hay que recordar que el consorcio que se originó para dar vida a su stablecoin, Libra, fue diluyéndose poco a poco.

Reconociendo que Facebook ha introducido una nueva dinámica en nuestras relaciones sociales, el metaverso Facebook puede transformarlas tan radicalmente que dejarlas abandonada al monopolio o, en el mejor de los casos, un limitado oligopolio llamado descentralización, es para pensárselo. Aunque el metaverso esté lleno de juegos, no es un juego.

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